Luego del triunfo del no en el plebiscito, la tarde del 5 de octubre fue aprovechada por los estudiantes para salir a protestar en Bogotá, en silencio, de forma pacífica, por esa ilusión de paz arrebatada.

La reunión era en el Planetario de Bogotá. A las 5:00 de la tarde. Parecía que iba a llover desde temprano, pero eso no era impedimento para el deber que cada asistente tenía como colombiano. Había varias condiciones para ir a marchar: ropa blanca, banderines, velas, silencio y total disposición. Era el momento de los estudiantes universitarios para salir a las calles a marchar por el sueño firme que ningún no pudo apagar. Allí iban a caminar, sin cansancio, por la paz definitiva y duradera que deseaban.

Antes de que todos los estudiantes se encontraran, desde cada universidad salió una comitiva que volvió a paralizar las calles y avenidas en medio de gritos y multitud. Las del centro recorrieron, desde las 4:00 p.m., las calles envejecidas. Las universidades del norte llegaron primero al Planetario, a organizar todo. A eso de las 6:00 de la tarde, cuando la Torre Colpatria prendió sus luces, con pasos lentos y apretados comenzó a moverse la multitud que, en menos de una hora, había congregado a mucho pueblo.

Hubo de todo: pancartas de todos los tamaños, fotógrafos colgados de los árboles y hasta niños. Las palabras sonaban de muchas formas: unos en contra del senador y expresidente Álvaro Uribe y la actuación de la oposición antes y después de las votaciones; otros intentaban quitarse el dolor, la tristeza y el aburrimiento que, desde la noche del 2 de octubre, no cesaba; y otros hacían campaña por el sí, afirmando que el Acuerdo Final debía ponerse en marcha. Mientras tanto, casi todos les cantaban a las víctimas y les ofrecían ese momento.

La Marcha Universitaria por la Paz habló por sí sola: iluminó las calles con el fuego de las antorchas que permitieron no sentir frío; convocó a 30.000 personas, cifra dada por los diarios nacionales que conmovieron con fotografías aéreas a los lectores del país y a la comunidad internacional que le sigue el paso a Colombia.

Fueron casi cinco horas marchando, algunas veces en silencio y otras gritando. La Plaza de Bolívar comenzó a llenarse hasta de políticos y otros actores que no eran estudiantes. Había toda una comunidad marchando para aliviar la ‘tusa’ que dejó ese no. Profesores, actores, cantantes, comerciantes, políticos, líderes de la comunidad LGBTI, líderes de comunidades a favor de la paz y habitantes de calle.

A medida que los asistentes llegaron, se refugiaron en el Capitolio. Allí fue entonado el Himno Nacional y fueron dadas unas palabras que afirmaban la importancia de ir más allá de partidos e ideologías políticas en la realización de la paz. La idea central: que la paz es de todos, no sólo de Santos y Uribe.

El profesor universitario y experto en economía Alberto Castrillón fue uno de los personajes que, en medio de la comunidad universitaria, llamó la atención y motivó a sus estudiantes a continuar marchando en esta y en todas las oportunidades que vengan. Castrillón reconoció que la situación que vive el país es incierta y peligrosa, pues depende de las decisiones que se tomen. Un arma de doble filo.

Así como Castrillón, otros profesores estuvieron junto con los estudiantes dando sus opiniones y generando academia mediante este mecanismo de participación ciudadana. Toda la carrera 7ª. estaba llena de personas mientras la noche caía y mientras en los lugares aledaños al Planetario seguía congregándose la multitud.

En las escaleras de la Catedral Primada de Colombia ya estaban sentados cientos de ciudadanos con claveles y velas, ondeando banderines blancos y cantándole a la paz. En la plaza tomaron protagonismo algunas víctimas que aparecieron con sus carteles y un ‘¡Sí a la Paz!’ También manifestantes desde el Meta y Guaviare expresaban su apoyo a este acto de refrendación.

El objetivo de marchar desde las universidades por la paz era mostrar, por una vez más, la posición de los jóvenes que querían, por fin, vivir el posconflicto y trabajar en la construcción de un nuevo país, erradicando el dolor al que temen regresar.

La marcha se extendió hasta las 9:00 p.m. y dejó varias puertas abiertas para continuar en la tarea que compete a todos los colombianos. Los estudiantes de otras ciudades de Colombia se movilizarán también, partiendo en Medellín este viernes en una nueva marcha silenciosa por la paz.

Sólo hace falta tiempo para saber si estos esfuerzos rindieron frutos, pero algo que ninguno de los asistentes dudó ni dudará es que esas horas de caminata valieron toda la pena del mundo. Sin importar lo que venga, la juventud colombiana demostró, con ahínco e ilusión, que el país está listo para recibir la paz.

¡La lucha no ha terminado!

Sobre El Autor

Imagen de perfil de Valeria Cuevas González

Periodista desde siempre. Apasionada por las historias y los viajes. La escritura es mi constante camino, encuentro y representación. Soy una estudiante empedernida, me gusta aprender en todo momento, estar inmersa en diferentes contextos, lugares e idiomas para conocer la pluralidad del mundo. Estoy interesada en el contexto internacional, en especial, el latinoamericano y de Medio Oriente.

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