Los acuerdos de paz con las Farc no han sido suficientes para evitar las infracciones al Derecho Internacional Humanitario en zonas del país donde aún quedan otros actores armados.

Cinco meses después de que el Estado firmara el acuerdo de paz con la guerrilla de las Farc, en un acto en el teatro Colón, de Bogotá, la guerra en el país se ha reducido considerablemente. El Hospital Militar, sitio al que llegaban soldados heridos a diario, es otro. Sin embargo, pese a eso, el país está lejos de superar las infracciones al Derecho Internacional Humanitario (DIH).

¿Las razones? La más importante es la presencia de otros grupos armados ilegales, como el Eln, el Epl y los llamados grupos armados organizados, que siguen sembrando el terror en diferentes regiones del país.

La advertencia está consignada en el más reciente informe sobre el conflicto que publicó el Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR). Sobre este tema, ‘Punto y Aparte’ dialogó con Óscar Parra, editor del portal web ‘Rutas del Conflicto’ y coordinador de la maestría en Periodismo de la Universidad del Rosario.

Para Parra, el Estado debe actuar de inmediato para que “no haya una mutación de la violencia”, luego del acuerdo de paz con las Farc.

¿Por qué se siguen reportando infracciones al DIH después de la firma de la paz con las Farc?

Durante los últimos dos años del proceso de paz, las Farc vivían en un cese al fuego con el Gobierno. Todavía manejaban negocios ilegales como las vacunas y el narcotráfico, pero la cantidad de crímenes como los homicidios se habían reducido un montón. Con este descenso en la intensidad de la guerra, el conflicto armado se empezó a focalizar muy claramente en algunos territorios del país en donde esta guerrilla no era el único actor armado.

Por ejemplo, en el Catatumbo está lo que queda del Epl, las Autodefensas Gaitanistas de Colombia y el Eln. Esto hace que el panorama no cambie. Sucede lo mismo en el Cauca y en Nariño. Las Farc estaban ahí, pero aparte de eso había otros grupos armados y entonces el panorama sigue igual y se recrudece.

Además, había una cadena de producción de negocios ilegales, como narcotráfico y minería, en los que estaban involucrados varios grupos armados que se dividían la zona para controlar la totalidad del negocio o una parte del proceso. Cuando se retira uno de los actores armados de esa línea, inmediatamente se sube la violencia porque no se sabe quién va a controlar ese espacio y las personas que viven en el lugar pueden ser afectadas.

¿El riesgo es representado solamente por los grupos armados ilegales, con los que aún no se ha acordado un cese al fuego, o se puede hablar de una “reconfiguración de actores armados” como lo expone el informe del CICR?

La reconfiguración sucede cuando hay un porcentaje de guerrilla de las Farc que se niega a entrar en el proceso de paz y es muy probable que estas personas terminen en un lado o en otro y quizá pueden crearse nuevos grupos. Yo creo que en este momento hay una incertidumbre enorme y depende de la situación local de cada región.

Tenemos grupos del Eln que están fraccionados por varias zonas del país y también todas las bandas criminales que quedaron de la desmovilización paramilitar de hace 10 años. Este momento del país es terriblemente delicado y si el Estado no actúa y no llega a las regiones, va a haber una mutación en la violencia. Si el Gobierno no hace presencia en esos territorios la violencia se va a reciclar, como lo dice la periodista María Teresa Ronderos.

Aún quedan el Eln, las Autodefensas Gaitanistas de Colombia (Agc), el Ejército Popular de Liberación (Epl) y las bandas criminales, hoy llamadas grupos armados organizados. ¿Con esto se puede hablar de una época de posconflicto en Colombia o solo de posacuerdo?

La palabra posconflicto es un término al que nos empezamos a acostumbrar pero es equivocado y fue uno de los errores del Gobierno a la hora de tratar de vender el proceso de paz. Cuando se firma la paz con las Farc, se cierra una guerra con uno de los actores armados más grandes que ha tenido el país, pero quedan pendientes varias violencias.

Es un error decir que una vez firmado el acuerdo con las Farc podemos seguir adelante y dedicarnos solo a la corrupción en el país. Además, las violencias tienen un respaldo económico impresionante. Me acuerdo cuando una periodista le preguntó al hermano de Pablo Escobar si el narcotráfico se había acabado por la muerte de su hermano y la respuesta fue no. Tenemos los síntomas de una tormenta perfecta: un actor armado se desocupa, otros actores armados que siguen manejando mucho dinero y tienen ganas de expandirse, un Estado que no está mirando a las regiones y un pueblo que mira para otro lado.

Tras la firma de la paz con las Farc, ¿qué se les debe garantizar a los ciudadanos que viven en zonas que han sido azotadas por la violencia como el Catatumbo, Bagre (Bajo Cauca) o Buenaventura?

Si usted me habla del bajo Cauca, Buenaventura o el Catatumbo, la situación ahí es  bien difícil porque son lugares donde la guerra sigue viva y no ha cambiado mucho. Es complejo porque claramente el Gobierno perdió el control  de seguridad en esas zonas.

Entonces, lo primero es que el Gobierno siempre debería tratar de llegar a esos lugares y garantizar salud, educación, y elementos básicos para un ciudadano como un alcantarillado y agua potable. El Estado está acostumbrado a que únicamente asume la presencia con soldados o  policías. Sin embargo, es difícil porque eso está enlazado a la droga y mientras no cambien las políticas de fondo en la guerra contra la droga la cosa va a ser muy complicada.

¿Cuáles son las principales razones por las que los cultivos de coca se han disparado?

Una es que el consumo interno se disparó. Durante un tiempo se concentró toda la guerra contra el narcotráfico para evitar la salida de la cocaína del país.  A lo mejor no se gana tanto dinero  vendiéndola adentro que exportándola, pero en ciudades como Bogotá o Medellín eso está súper desarrollado.

Dejar de fumigar con glifosato también hizo que los cultivos de coca crecieran rápidamente. Otra cosa importante es que si el Gobierno entra en negociaciones con uno de los actores que está dentro de la cadena de producción de cocaína y concentra todos sus esfuerzos en ello, es muy difícil controlar a los otros actores. Hay que esperar a ver si las Farc ayudan en la guerra contra la droga y deciden revelar sus rutas. Tenemos una oportunidad para que el Estado haga algo. Lo que pasa es que no reacciona fácilmente.

 

 

 

 

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