La participación en la política ya no es un ideal sino una realidad a la que se le apuesta en Colombia.

Actualmente, las mujeres son un poco más de la mitad de la población del país. Sin embargo, a nivel de representación política no logran ocupar más del 25% en puestos de elección popular. Resultado que deja a Colombia en el tercer lugar de los países latinoamericanos con menos presencia de mujeres en el campo de la política.

Si bien las cuotas de paridad siguen sin cumplirse, el objetivo es fomentar desde la acción y el ejemplo el interés por hacer parte activa de las distintas ramas del poder, las cuales poco a poco se van adaptando a las manifestaciones y exigencias de la democracia que busca acoger sin discriminación.

Ahora, es preciso ser conscientes de la realidad política y cultural en la que vivimos para poder transformarla. Por ello, las concejalas Ángela Garzón, del Centro Democrático, y Lucía Bastidas, del Partido Verde, señalaron las particularidades de la vida de una mujer en la política, para entender el panorama actual.

¿Qué perfil de mujer se necesita para la política colombiana?

Ángela Garzón: Lo primero que se necesita es ser mujeres emprendedoras, resilientes. Es un mundo que está lleno de hombres, pero precisamente tenemos que llegar nosotras a romper esos esquemas y paradigmas y hacer un trabajo igual o mejor al que hacen los hombres. Podemos trabajar en conjunto por la ciudad y por el país. Repito, lo fundamental es saber combatir, trabajar por la diferencia, ser respetuosas.

¿Cuál es el panorama del Concejo de Bogotá en materia de participación?

Lucía Bastidas: Es triste decir que en el Concejo de Bogotá en este período 2016 – 2019 solo hay 8 mujeres participando. En el período anterior 12 mujeres conformaban el cabildo distrital. Esto es vergonzoso porque de una ciudad como Bogotá uno esperaría que aumentará la participación política de las mujeres y no que disminuyera. Son muchos los retos que enfrentamos.

La política en Colombia se ha caracterizado por estar en manos de familias históricamente distinguidas y eso afecta los procesos de participación. Resulta que algunas de las mujeres que se lanzan a ocupar puestos de elección popular  son las hijas, las hermanas o las esposas de personalidades políticas reconocidas, entonces, es un liderazgo permeado por la herencia electoral que deja dudas de la verdadera acción democrática. Sin embargo, hay otras que se han hecho elegir fácilmente por sus ideales sin importar sus orígenes.

¿A qué desafíos se enfrentan las mujeres para poder participar en la política?

L.B.: A modo de anécdota los explicaré. Como directora del Ministerio del Interior en temas de participación tenía que organizar reuniones con todas las concejalas electas y algunas decían que para ir a los eventos por regiones era difícil que sus maridos les dieran la posibilidad de asistir, porque no les daban permiso.

Una vez una señora dijo que no era capaz de celebrar delante del esposo porque él es celoso y no le gusta que abrace gente desconocida. Otras decían que no podían hacer parte de las coaliciones de los municipios porque hacían las reuniones en el bar del pueblo, en el prostíbulo, solamente con la intención de que esa mujer no quedara.

Pero también veíamos como una única mujer en un municipio de Caldas era la presidenta municipal entre tantos hombres. No es fácil llegar ni mantenerse. Había una concejal que decía, por ejemplo, que en la noche en medio de sesiones del Concejo el esposo la llamaba y le preguntaba si ya iba para la casa porque sus hijas no podían dormir. Cómo equilibrar, familia, sociedad y política, ese es nuestro mayor reto.

¿Cuáles son los puntos importantes a tratar para solventar el problema de participación de las mujeres en escenarios políticos?

A.G.: Nos falta trabajar mucho la participación y garantías reales para las mujeres. Vemos que por el rol de madre que tienen las mujeres y de líder del hogar muchas veces se ven relegadas en la política.

Por ello, para que en Colombia lleguemos realmente a la equidad en la política y en otros tantos temas mujeres y hombres debemos trabajar en educación de primera infancia, enseñando que niñas y niños tienen los mismos derechos y pueden llegar lejos. Tenemos que trabajar en equidad salarial, porque es una realidad que vivimos, las mujeres ganan mucho menos que los hombres ocupando los mismos puestos. Necesitamos darle más apoyo a las mujeres para que sientan que puedan ser líderes y para que se lancen a estos escenarios de la política, donde hemos demostrado que hacemos un buen trabajo, otorgándole oportunidades a las mujeres con la Ley de Cuotas, por ejemplo, para asegurar su cumplimiento.

¿Son realmente efectivos los mecanismos legales que incentivan la participación de las mujeres en la política, como es el caso de la Ley 1475 del 2011 y la Ley 581 del 2000?  

L.B.: La Ley 1475 del 2011 o la llamada Ley de Cuotas abrió la posibilidad obligatoria de que el 30 por ciento de la lista sea conformada por mujeres. Si bien ahora hay más participación de las mujeres en cuanto a inscripción, algunos partidos lo que hacen es poner “de relleno” a mujeres para que no les vayan a devolver las listas, porque es obligatorio. No todas tienen posibilidad de hacerse elegir y a esta Ley le hace falta una mejor aplicación para asegurar un verdadero ejercicio de inclusión.

También necesitamos avanzar en financiación de las campañas que es un tema importante y en la campaña no solamente hablar de temas de mujeres, que ese es otro limitante. También podemos hablar de economía, de política, finanzas, desarrollo, transporte, movilidad y por supuesto reivindicar los derechos de las mujeres, para fomentar una acción política integral.

¿Qué mensaje le daría a las mujeres interesadas en hacer parte de la política colombiana?

A.G.: Aunque históricamente ha sido más un mundo de hombres, aquí estamos haciéndoles lugar. Las mujeres son muy importantes en la política. Desde el Concejo de Bogotá ayudamos a crear normas, a hacer control político a la ciudad y fomentar la importancia de las mujeres en todos los campos, esto demuestra que nos hemos convertido en unas líderes. Sin embargo, necesitamos que más mujeres nos acompañen en estos espacios para nutrirlos de nuevas visiones y perspectivas que construyan un mejor presente y futuro.  

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