Por: Álvaro Andrés Moscoso Gordillo 

La paz ha sido un término manoseado históricamente por la clase política colombiana. Utilizando un discurso políticamente correcto, esconde los intereses más obscuros a los ojos de un pueblo que no está preparado para la democracia.

Para nadie es un secreto que este país está en una crisis integral. Un sistema de salud corrupto que no garantiza ni la vida ni la salud de los colombianos; una educación que nos deja en desventaja con el resto del mundo en plena globalización; unas reformas que defienden los intereses internacionales mientras la industria nacional se quiebra; deportistas y artistas mendigando apoyo en todos los niveles territoriales y corrupción, clientelismo y burocracia a diestra y siniestra… Aun así, llevamos más de 20 años eligiendo presidente con la misma excusa: la paz.

Andrés Pastrana prometió alcanzar la paz hace 20 años, Uribe uno hace 15 y Uribe dos hace 11, Santos hace 7 y 3. Así las cosas, el siguiente panorama electoral no varía mucho. Mientras eso sucede, las universidades públicas se caen a pedazos, la ciencia cada día tiene menos recursos, los trabajadores que recibimos el mínimo (o menos) viven endeudados pagando las casas que “regalan” los gobiernos, la platica de la salud se pierde, los tentáculos de las maquinarias políticas andan apretando el país (y más con la siguiente reforma tributaria que afectará a la clase media y baja), mientras las multinacionales reciben beneficios que les disminuyen impuestos.

Más de doscientos años de vida aparentemente democrática y el país, con tantas riquezas, está en un estado deplorable. ¿Por qué estamos donde estamos? Porque nos vendieron un cuento chimbo y nos lo creímos: esa tal democracia.

La democracia, enseñan en los colegios, es el sistema político donde el poder lo tiene el pueblo. Uno se pone a ver a Colombia, y pareciera que nunca nos explicaron bien quién eras el pueblo para esa tal democracia.

La ilustración, o mejor dicho, tener la capacidad de decidir autónomamente de forma racional, es uno de los falsos supuestos de la democracia colombiana, porque aquí no existe tal formación para la democracia. Como ciudadanos colombianos, la mayoría no podemos decidir de una forma racional, porque no conocemos sobre el tema a decidir. Es como si me preguntaran ¿Es mejor hacer arequipe con una cuchara de palo o con una cuchara de plástico denso? ¿Aprueba usted el acuerdo que no leyó ni conoce realmente?

La idea de que un número de personas se asocien en un territorio determinado, cedan parte de sus ingresos como impuestos y acepten unas normas de comportamiento general, se basa en que así podrán vivir en mejores condiciones, con una mejor calidad de vida, y para evitar que “el más fuerte pase sobre el más débil”. Un cuento chimbo que nos tiene donde nos tiene, porque aquí en Colombia exprimen al más débil para darle al más fuerte, que fue quien financió las campañas y a quien se le deben favores…

Ahora bien, sobre el proceso de paz que, realmente, no es un proceso de paz sino una negociación entre el Gobierno Nacional y las FARC-EP, cuyo acuerdo fue aquel que el pueblo colombiano decidió no apoyar sin haberlo leído, la conclusión es muy simple: o seguimos matándonos, o todos cedemos un poco para dejar de lado el conflicto con un grupo armado al margen de la ley.

No nos engañemos, pues paz no habrá. Estamos muy lejos de garantizar materialmente los derechos de todos los ciudadanos de Colombia, pero estamos muy cerca de acabar con un conflicto armado de más de 50 años de historia.

Este país, con todo y sus defectos, problemas y complejidades, está descansado en paz mientras los grandes políticos y adinerados hacen de las suyas. Al mismo tiempo, mientras nosotros, el pueblo colombiano, siga descansando en paz en un jardín de laureles, dándole la espalda a la crisis que vive el país, jamás alcanzaremos la paz. Quizás sí lograremos un acuerdo con las FARC-EP, pero no la paz.

Álvaro Andrés Moscoso Gordillo 

Estudiante de Derecho de la Universidad Nacional de Colombia, Director del Colegio Friedrich Fröbel en Tenjo y Docente auxiliar de Investigación en la Universidad Nacional de Colombia. Cuenta con conocimientos básicos en Urbanismo, Historia Colombiana, Filosofía y pedagogía; experiencia en oratoria, manejo de público y trabajo en equipo. Actualmente se desempeña como Concejal del Municipio de Tabio, electo con la mayor votación del municipio, consolidándose como uno de los concejales más jóvenes del país.

Sobre El Autor

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Este espacio va dirigido a educar e informar a la población colombiana sobre las negociaciones de paz, la finalización del conflicto y el panorama que genera el plebiscito respecto a la opinión pública y al futuro de Colombia.

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