“Usted no se merece estudiar donde estudia, ni mucho menos estar donde está” es una frase que a primera vista parecería grosera y descarada, y que seguramente yo me hubiera negado a aceptar hace unos años.

 

Ahora sé que en efecto, no merezco estudiar donde estudio y si lo hiciera, debería ser bajo las mismas condiciones de las demás personas, cosa que, lamentablemente no es posible en un país como Colombia. Sucede que hay quienes creen que estudiar en una buena universidad es simple cuestión de mérito, y es este discurso el que se utiliza para disfrazar el sistema de educación (y en general la vida misma) que impera en el país. Justificar mi lugar en una universidad, un puesto de trabajo y demás, bajo la lógica de meritocracia es lo mismo que decir que la gente es pobre porque quiere, porque se lo merece.

No se alarmen, que yo no estoy subestimando mis capacidades intelectuales; bruta no soy, o al menos eso creo. Sin embargo, sí debo admitir que no es la única razón por la que estoy donde estoy. Más allá de eso, estoy estudiando en una buena universidad porque fui admitida y porque estoy dispuesta a pagar la matrícula. De nada sirve haber pasado si uno no tiene plata para pagar el semestre o no está dispuesto a venderle el alma al diablo disfrazado del Icetex.

La verdad es que las oportunidades que cada uno de nosotros tiene están condicionadas por nuestro contexto y capacidad de pago. Es cierto que hay gente que sale de la pobreza por sus propios medios, pero es la excepción, no la regla, y eso es algo que no todos pueden ver porque la vida entera nos han dicho la mentira de que es exactamente lo mismo que a alguien no se le dé la gana hacer algo y que no pueda. Es probable que una persona que nació tres estratos más abajo que yo no pueda estudiar donde yo estudio o siquiera aspirar a tener la vida que tengo. No es que no se le dé la gana, es que tristemente no puede o no la tiene tan fácil como yo la he tenido. Lo único que hizo esa persona fue haber nacido pobre y por tanto, con menos oportunidades. Yo estoy donde estoy por las mismas razones: mi único mérito fue haber nacido en una familia que puede permitirse pagar mi educación superior; yo no hice nada. Por consiguiente, afirmar que se es pobre porque se quiere es tan falso como decir que uno merece acceder a una buena universidad “porque se lo mereció”.

Bajo esta misma línea, otro de los mitos que nos dicen en la cara es que el pobre no entra a la universidad por pobre y no porque no puede acceder a una universidad pública, gratuita y de calidad. La solución que proponen personas como Juan Manuel Santos y Gina Parody para el problema de acceso a la educación son créditos estudiantiles. La ministra de educación se vanagloria de un programa de créditos condonables disfraza dos de becas como lo es Ser Pilo Paga. Buenísimo, en serio, que uno se pueda sentar todos los días junto a alguien que, según muchos, no podría tener esta oportunidad de otra manera. ¿Pero podría? Por supuesto que sí. Las universidades públicas se han visto desfinanciadas por más de veinte años; la deuda con ellas asciende a los 16 billones de pesos y es esta la razón de que muchas personas se hayan visto obligadas a endeudarse para pagar una educación de calidad. Muchos de los Pilos Paga escogieron universidades privadas porque las públicas no pueden ofrecerles lo que las primeras sí.

Si la calidad de educación que ofrece la Universidad de los Andes fuera gratis, y no costara 14 milloncitos de pesos, todos (¡todos!) podríamos tener una buena educación superior sin importar si tenemos para pagarla o no, y ahí sí aplicaría la regla del que no quiere estudiar no es porque no pueda, sino porque no quiso. ¿Pero cómo pretenden Santos y Parody garantizar esto si en vez de financiar universidades públicas están subsidiando a las privadas? Al final todo se resumen en que uno se tiene que merecer el poder estudiar y no que la educación es un derecho para todos, como lo dice la constitución.

En conclusión: decir que yo merezco estudiar en donde estudio porque pasé un examen esconde la otra parte del asunto: lo hago porque pasé y estoy pagando. Tristemente el Gobierno perpetúa esta condición, pues sabe que hay un problema de desigualdad que le impide a la gente acceder a una muy buena educación, en la medida en que en este país ésta solo se encuentra en universidades privadas. Sabiendo eso, solo la fomenta más con ese cuento de los créditos estudiantiles que hacen que las personas se endeuden (incluyéndome). O con créditos condonables, en vez de invertir en educación pública, pues entanto los recursos del Estado se destinen a créditos se deja a la universidad pública quebrada y sin posibilidad de dar educación de calidad. O díganme, ¿no se está cayendo a pedazos –literalmente- la Universidad Nacional? Eso sí, nos siguen diciendo una y otra vez que la gente está mal porque se le dio la gana, no porque no puede salir adelante. Es por esta razón que hay gente que cree erróneamente que la lotería de cuna es motivo para vanagloriarse y decir que se merece estar donde está. Bajémonos de esa nube, no seamos tan cínicos.

Laura Andrea Torres.
Estudiante de Derecho y Antropolgía en la Universidad de Los Andes. 

 

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Este espacio va dirigido a educar e informar a la población colombiana sobre las negociaciones de paz, la finalización del conflicto y el panorama que genera el plebiscito respecto a la opinión pública y al futuro de Colombia.

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