Por: Gustavo Garzón

Pienso que Colombia tiene la mejor oportunidad para cerrar una guerra de poco más de cincuenta años con la guerrilla (grupo terrorista) más importante del país. El proceso de paz llevado a cabo entre la delegación del gobierno Santos con las FARC-EP es el primero que se logra firmar con una aprobación total de ambas partes.

El cese al fuego bilateral y definitivo, que continua a día de hoy, fue una de las pruebas de que se existía una gran posibilidad de acabar con el conflicto. Sin embargo, también se creó mucho escepticismo en torno al futuro de este luego de que, en cada una de las reuniones en la mesa de conversaciones en La Habana, no se revelara mucha información sobre el progreso. Así las cosas, a gran parte del país le pasó por la mente la idea de que ambos bandos estaban de vacaciones o de que el grupo terrorista tuviera la sartén por el mango, por sus exigencias para continuar.

La exigencia de la delegación de las FARC acerca de la libertad de algunos líderes de la organización y de que les fuera permitido hacer política sin armas fue algo que causó revuelo y que aprovechó la oposición, especialmente el partido Centro Democrático, para decir que Colombia iba a convertirse en otra Venezuela y que se iba a imponer el castrochavismo en el país. Todo esto con el fin de ganar seguidores y poner a muchos en contra de los acuerdos, al punto de convocar a una “resistencia civil”.

Llegué a creer algunas de estas cosas, pero el día que el jefe negociador del gobierno, Humberto de La Calle, junto con Iván Márquez, por las FARC, anunciaron que se había llegado a un acuerdo, cambié totalmente de parecer, pues de las siete negociaciones para el fin de la guerra, era la primera vez que se lograba un acuerdo firmado entre las dos partes.

El anuncio de un plebiscito (el segundo en la historia del país), para refrendar los acuerdos, también me alegró, pues era la opción que quería para que el pueblo colombiano pudiera manifestar su posición acerca de su pensamiento y  opinión sobre los acuerdos. Sin embargo, la respuesta del jefe de Estado, Juan Manuel Santos, afirmando que “el presidente tiene la facultad de redactar la pregunta que se le dé la gana” cuando le preguntaron por qué había cambiado la pregunta, me hizo dudar por las palabras que utilizó.

Lo mismo pasó cuando dijo que tenía información de primera mano de que, si no se aprobaban los acuerdos, volvería a haber guerra rural y además una guerra urbana, sonando como un vocero de las FARC.

Pero igual supe que, como ciudadano, tenía que apoyar el proceso con el fin de acabar el conflicto.

Creo que el ‘Sí’ perdió, principalmente porque no hubo pedagogía del gobierno hacia el pueblo, explicando claramente cada uno de los puntos acordados. No creo que todos fueran a leer las 297 páginas del texto de los acuerdos de paz, incluyéndome. Además de las amenazas de guerra en el campo y en la ciudad, también interfirieron las mentiras que usó la oposición liderada por el expresidente y hoy senador Álvaro Uribe Vélez para obtener votos. Por último, está el tema del “enfoque de género”, el cual no tuvieron claras muchas de las iglesias cristianas, lo que derivó en su apoyo al ‘No’.

No obstante, al otro día despertamos y seguimos en paz, sin rastro de la guerra que nos habían planteado. Vimos a una juventud decidida a llevar al país a un mejor rumbo (tengo mucha admiración a los universitarios que apoyaron esta causa) y a no parar hasta que gobierno y Farc llegaran un nuevo acuerdo antes de fin de año.

Hoy, jueves 24 de Noviembre de 2016, se logró firmar el nuevo acuerdo para una paz estable y duradera. Me alegra que paren los asesinatos, que haya una sustitución de cultivos ilícitos y que llegue el fin del negocio del narcotráfico, además de una lucha conjunta para erradicarlo. Me alegra que se libere a los niños reclutados y no los vuelva a haber por parte de esta guerrilla, que se diga la verdad a las víctimas y las FARC las reparen con su presentación del informe de bienes y activos con el fin de revelar sus ingresos. Me alegra que se entreguen las armas, que se tenga la oportunidad de liberar a cada uno de los secuestrados, que los campesinos puedan estar más tranquilos y puedan tener el beneficio de que se imponga una reforma rural integral, entre otras cosas.

Dado el primer paso, firmado con el ‘balígrafo’, entre el presidente Juan Manuel Santos y el comandante de las FARC, alias “Timochenko”, espero que este nuevo acuerdo mejorado, tras la cooperación de varios puntos por parte de los líderes de la oposición y de las iglesias cristianas con puntos discutidos junto al gobierno, al que esta guerrilla cedió en algunos aspectos, pueda ser refrendado con éxito en su paso por el congreso, más aun teniendo gran apoyo de la “Unidad Nacional”.

No todas las víctimas han perdonado, pero es mejor seguir adelante y acabar toda guerra a seguir con muchos más años de este absurdo, y así, dejar que las Farc puedan hacer política sin armas, las cuales serán entregadas, y cuya verificación contará con el apoyo de la Organización de las Naciones Unidas (ONU).

Solo queda esperar que, siendo en mi concepto el país más experimentado en cuanto a gobiernos de paz, logremos dejar a un lado la guerra con el ELN y las BACRIM. Por último, espero que, a través de la cultura y la educación, Colombia llegue a una paz completa en todos los sentidos.

Gustavo Garzón

Estudiante: Colegio Superior de Telecomunicaciones

Sobre El Autor

Imagen de perfil de Punto y Aparte

Este espacio va dirigido a educar e informar a la población colombiana sobre las negociaciones de paz, la finalización del conflicto y el panorama que genera el plebiscito respecto a la opinión pública y al futuro de Colombia.

Hacer Comentario

Su dirección de correo electrónico no será publicada.