Entre la desesperación de la crisis humanitaria y un gobierno ajeno a su pueblo se intenta definir la situación del hermano país. ¿Qué ha ocurrido?

La tensión política y social en Venezuela tiene a la población al borde del caos. Múltiples manifestantes en todo el país y fuera de él, reflejan el rechazo a la represión que ha modificado sus formas de vida.

Desde el 2013 cuando Nicolás Maduro se convirtió en el jefe de estado de un país que ya venía presentando síntomas de apatía contra el gobierno chavista, se ha venido intensificando el sentimiento de un pueblo que pide justicia y libertad. Sin embargo, nada se ha podido resolver en torno a esta complicada situación. Por el contrario, el desabastecimiento y la restricción se hacen cada vez más fuertes.

“Es una crisis que tiene diferentes miradas, diferentes vertientes económicas, políticas y humanitarias. Eso ha llevado a que Venezuela sea un estado fallido que se caracteriza por el problema institucional y su precariedad y por la cantidad de inmigrantes que hay, eso hace parte de las propias características que contempla un estado fallido”, señala la especialista en América Latina, Martha Ardila.

Estado fallido, régimen, dictadura, entre esos conceptos se define lo que es hoy Venezuela y por lo que miles de personas han decidido salir a la calle y desde particulares formas de manifestarse, hacerle frente al gobierno.

La fuerza popular

El objetivo de las marchas es conseguir cuatro cosas: libertad de presos políticos, apertura de un canal humanitario, elecciones regionales y reconocimiento de la Asamblea Constitucional. Sin embargo, las causas no están claras dentro de la línea política de las protestas.

Pese a esto, las manifestaciones no cesan. Unos piden alimentos y medicinas y otros  exigen un ejercicio democrático honesto, al final todos ellos están en las calles enfrentando a la Fuerza Militar, la cual está complicando cada vez más dichas actividades.

“Hay jóvenes presos simplemente por protestar, a los que no liberan si no consiguen fiadores. Por ejemplo, mi mamá me comentó ayer que iba saliendo a la cárcel a hacer de fiadora de dos jóvenes que estaban allí. No los conoce. Simplemente la gente se organizó por WhatsApp e informaron que se necesitan esos fiadores para sacar a los jóvenes encarcelados injustamente y gente como mi mamá, que no marcha porque le da miedo, ayuda de esta manera”, cuenta Daniela Navas estudiante venezolana radicada en Bogotá.

A pesar de los peligros que representa salir a marchar en Venezuela, que se traducen en el alarmante resultado de 43 manifestantes muertos, la población sigue en pie, tratando de hacer a su vez, una labor de concienciación en la región y en el mundo entero.

Hubo concentraciones en las principales capitales del mundo, Madrid, Bogotá, Buenos Aires, incluso Ámsterdam. En Bogotá se han reunido frente a la casa del embajador de Venezuela, Iván Rincón, en donde usualmente se realizan todas las marchas. Mucha gente se queda después en vigilia para hacer homenaje a los caídos por violencia del régimen.

El objetivo era ese, que la gente de otros países sepa lo que pasa para que sus gobernantes se pronuncien al respecto. Especialmente, se hizo un fuerte llamado a la pasividad de parte de gobiernos cercanos, sobretodo el de Juan Manuel Santos.

Pues además, se estima que hay un millón y medio de venezolanos radicados en Colombia, lo que representa una fuerte ola de migración hacia nuestro país, producto de un estado fallido.

¿Son las marchas el único mecanismo de acción?     

“La salida está en la calle y es necesaria la constancia. Creo que lo que se ha entendido es que la fuerza está en la perseverancia, en salir varias veces y no esperar que este gobierno va a caer solo con dos semanas de calle. Se necesita más. Y a diferencia de otros momentos de la historia, creo que el venezolano ya entendió que si sale de la calle, pierde. Si deja de manifestarse constantemente pierde todo el trabajo adelantado”, argumenta Navas.

Pero Ardila, no está del todo de acuerdo. “Las protestas le hacen un peso sin lugar a dudas, pero no es lo definitivo. Yo creo que las marchas influyen, pero no es lo principal. Lo principal sería la posición que vayan a adquirir las Fuerzas Armadas, si de verdad van a respetar la Constitución. Si de verdad van a buscar una salida que no sea sangrienta. Entonces, las marchas son muy importantes, pero ellas solas no lograrán nada”.

Y aunque aún es incierto el papel del brazo militar venezolano que se relaciona directamente con el político Diosdado Cabello, para algunos especialistas se entiende esta fuerza como una heterogénea en la cual radicaría la acción final que lograría darle un vuelco total al país vecino. Pues es justamente la milicia la que ha sostenido el gobierno de la Revolución Bolivariana.

La situación en Venezuela está haciendo sonar todas las alarmas nacionales e internacionales y si bien es muy reducida la acción que se ha evidenciado desde organismos externos al país, es la fuerza popular, la que mediante protestas llamativas, intenta visibilizar un problema que desde siempre ha aquejado a América Latina: las dictaduras, situación que necesita encontrar una solución antes de que más vidas sean sepultadas en torno a esta lucha y que sea el coraje que venza ante el miedo.

 

Hacer Comentario

Su dirección de correo electrónico no será publicada.